El estigma del campo

Publicado por Andrés Rodríguez | | Posted On 28 de agosto de 2009 at 0:04

Hace un par de meses en época de elecciones de juntas parroquiales y parlamentarios andinos pasaron un reportaje sobre el desarrollo de las elecciones en un poblado de la costa ecuatoriana. Un reportero vestido como para salir en televisión con su respectiva carga de aparatos electrónicos se acerca cual visitante de otro mundo a una señora.
Reportero: ¿Usted sabe para qué sirven las juntas parroquiales? ¿Sabe qué es el Parlamento Andino?

Señora: mmm... buenos días, en verdad no... es que como soy del campo.

Reportero: Muchas gracias señora, como vemos la gente no sabe ni para qué vota.

(La entrevista no fue exactamente así, pero esa es la idea)

Es que como soy del campo, ¿qué ha sido pecado? Ese reportero en vez de preguntar ese tipo de cosas debía pedirle disculpas a la señora porque su canal prefiere pasar la telenovela y la publicidad pagada que crear un espacio para informar a la ciudadanía, para explicar el porqué de las votaciones, para que ellos se den cuenta de que ser del campo es bueno, que no son menos por ser del campo.

Pero, ¿qué pasa? Vivimos en un país con gran actividad agrícola. Es gracias a la gente del campo que a diario llegan a las cuidades productos que nos alimentan. Pero nadie les hace entender que son importantes.
Y hay muchos que tienen toda clase de insultos ingeniosos y elaborados para la gente sencilla. Refugiándose en su seudointelecto y en sarcasmos y en groserías se vanaglorian y se sienten mejores que la gente humilde, gente que suda a diario y sin la cual no podríamos vivir.

Por eso a pesar de que no son del todo necesarias me parece importante que el Presidente haga sus cadenas radiales, que vaya a pueblos que la gente que se cree importante no regresa ni a ver. Me parece importante que se haya recuperado el ferrocarril. Me parece importante que se haga ver a la gente que sí importan, si autoestima es lo que más falta en muchos casos. (No creo haberme ido tan por la tangente).

En lo personal, hasta envidia me da de la gente que vive fuera de las ciudades principales del Ecuador, con vidas más tranquilas. Menos tecnificadas. Pero no, eso no es bueno, así la gente empieza a buscar lo que la sociedad impone como bueno, tener carros, casas, mucho dinero. Vivir en la ciudad y aparentar. Hacer que se cumpla la ley de la oferta y la demanda para que los economistas justifiquen su existencia.

Todo es una cadena de absurdos. Se mantiene a la mayoría de la población en el anonimato, en la ignorancia. A veces veo que es el puro miedo de dar a todos las mismas oportunidades. El hijo bobo de una persona adinerada siendo aplastado por el genial hijo de un agricultor, el tabajador de plantación. Los que trabajan para estos personajes ingratos que  son los grandes hacendados que creen que con dar a sus trabajadores un sueldo mísero y licor les están haciendo el favor de la vida. Claro a ellos tampoco les conviene que esa gente conozca de sus derechos.

Ahora bien la nota no es que se haga las cosas por lástima. Esa no es la idea. La nota es dar a quien se merece el reconocimiento, subir la moral de la gente, decirles que son las piedras angulares del país.

Que todos puedan decir: Soy del campo... sí soy del campo ... agradézcanme.

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